Trastorno bipolar: ¿cómo se diagnostica?

 

El trastorno bipolar es una enfermedad mental grave y hereditaria de la que la sociedad conoce muy poco. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, en torno a 60 millones de personas en el mundo padecen esta enfermedad. Afecta a los mecanismos que regulan el estado de ánimo y la persona que lo padece puede perder el control de sus emociones.

El trastorno bipolar no solo influye en aspectos biológicos, sino también en aspectos psicológicos y sociales. Se dan tanto episodios de euforia como de depresión y se suele diagnosticar entre los 18 años y la mitad de la veintena. Las personas afectadas pueden llegar a tardar una media de cinco años en ser diagnosticadas.

Cómo se diagnostica

En la mayoría de los casos, el trastorno bipolar comienza con síntomas depresivos y el paciente no es correctamente diagnosticado de depresión unipolar hasta que aparece la euforia, mediante síntomas maníacos o hipomaníacos.

En otras ocasiones, el trastorno se inicia con síntomas psicóticos, que pueden confundirse con otros trastornos en los que también aparecen los mismos síntomas, sobre todo en personas que consumen sustancias.

Un diagnóstico precoz ayuda a un mejor manejo de la enfermedad y a evitar más episodios y mejorar la calidad de vida.

Síntomas de episodios de manía

  • Euforia o irritabilidad.
  • Autoestima exagerada o sentimiento de grandeza.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Estado más hablador de lo habitual.
  • Pensamiento acelerado.
  • Facilidad de distracción.
  • Aumento de la actividad.
  • Participación excesiva en actividades placenteras o con riesgo.
  • Gastos excesivos.

Síntomas de episodios depresivos

  • Ánimo triste.
  • Pérdida de interés o placer.
  • Aumento o disminución del apetito.
  • Pérdida o aumento importante de peso.
  • Insomnio o hipersomnia (sueño excesivo).
  • Agitación o enlentecimiento psicomotor.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos de culpabilidad o inutilidad.
  • Disminución de la capacidad de pensar.
  • Pensamientos de muerte recurrentes e ideas suicidas.

Durante los episodios depresivos o maníacos pueden aparecer síntomas psicóticos (alucinaciones o delirios).

Cómo se trata

Hay tratamiento farmacológico y psicológico, siendo fundamentalmente farmacológico, al que se le puede incluir un programa de psicoeducación. El litio es el tratamiento estándar porque es uno de los más utilizados y que mejores resultados ofrece cuando funciona. También, para tratar este trastorno cada vez se están empleando más los antipsicóticos.

Por otro lado, es recomendable que el paciente siga una psicoterapia ligada a la enfermedad, siguiendo un programa de psicoeducación, que consiste en adquirir conocimientos sobre el propio trastorno y la necesidad de seguir el tratamiento adecuadamente. También se adquiere un conocimiento que ayuda a detectar y prevenir nuevos episodios.

Evitar recaídas

Cualquier estresor que se dé en la vida del paciente puede ser desencadenante de una recaída. La higiene del sueño es fundamental, así como no consumir sustancias.

Para mantenerse estable es indispensable la adherencia al tratamiento. Según datos proporcionados por Lundbeck, en torno al 50 % de los pacientes abandona la medicación por su cuenta a lo largo de su vida. El abandono del tratamiento farmacológico suele desencadenar una recaída.

 

EFE