enfermedad de Willis-Ekbom

Síndrome de piernas inquietas: cómo afecta a la calidad de vida

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La enfermedad de Willis-Ekbom, también llamada síndrome de piernas inquietas (SPI), es un trastorno neurológico que desencadena el movimiento involuntario de las piernas, especialmente en situación de reposo y durante la noche, lo que dificulta el sueño profundo.

En consecuencia, sin un buen tratamiento termina desembocando en otras patologías como problemas metabólicos, depresión, obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares.

Eso sin contar con los trastornos que acarrea sobre la calidad de vida del paciente: complica ciertas actividades nocturnas como salir a cenar, ir al cine o los viajes largos. Incluso puede minar la relación de pareja ya que en los momentos de sueño, produce unas sacudidas periódicas que suelen despertar tanto al paciente como a quien esté cerca de él, obligando a la otra persona a dormir en otro espacio.

En la mayor parte de los pacientes aparece de forma repentina sin evidenciar una causa concreta. Puede existir un componente de predisposición genética.

No obstante, algunos casos pueden deberse a una lesión de los nervios periféricos, que unen el cerebro y la médula espinal con el resto del cuerpo; por la disminución de los depósitos de hierro; o por el aumento del ácido úrico en la sangre. Se cree que el origen de este síndrome puede guardar relación con un descenso de la dopamina, que es un neurotransmisor cerebral necesario para la realización y coordinación de movimientos.

Síntomas y diagnóstico del síndrome de piernas inquietas

Los pacientes sufren, además del movimiento involuntario, una “sensación desagradable” en las piernas en los momentos de reposo que mejora transitoriamente al moverlas. Puede aparecer a cualquier edad, aunque cuanto más alta es la carga genética, antes aparece la patología, encontrándose incluso en niños. La edad más frecuente de aparición es entre los 30 y los 40 años, y en estas edades adultas es mucho más habitual en mujeres, prácticamente el doble.

A la hora de dar un diagnóstico clínico, los especialistas tienen muy en cuenta la sintomatología. Además se realizan análisis para observar los niveles de la vitamina B12, el ácido fólico, el metabolismo del hierro o la vitamina D, que influye mucho en el sueño y en el metabolismo de los neurotransmisores. Por otra parte, ayuda mucho hacer un estudio del sueño con una polisomnografía nocturna.

Se trata de una prueba en la que se registran las ondas cerebrales, los niveles de oxígeno en la sangre, la frecuencia cardíaca y la respiración. Y también los movimientos de los ojos y las piernas. Permite ver qué ocurre durante la noche, tanto si el paciente está despierto como si está dormido: si mueve las piernas, cómo lo hace y cómo influye en la calidad del sueño.

Tratamiento del síndrome de piernas inquietas

Para poner a un paciente en tratamiento se valora principalmente la intensidad del movimiento. Si es de moderada a importante y se repite, al menos, dos días a la semana alterando de forma notable la calidad del sueño, debe comenzarse con una terapia farmacológica. Es un problema crónico que, por el momento, no tiene cura, así que se busca la fórmula más eficaz para aliviar los síntomas y que debe estar controlado por el médico para evitar que empeore la patología.

Los fármacos más utilizados son aquellos que modulan los receptores de la dopamina cerebral, pero si se usan en dosis muy altas durante un tiempo prolongado pueden empeorar la enfermedad y aumentar sus síntomas

En los casos que son más leves se pueden aplicar otro tipo de terapias sin tener que recurrir a medicamentos: horarios de sueño regulares, masajes en las piernas con cremas de frío o de calor, según el caso, duchas con agua fría o hacer ejercicio físico de piernas de forma moderada a media tarde pueden hacer que los síntomas sean más llevaderos. También se recomiendan actividades de entretenimiento mental: ajedrez, pintura, videojuegos, punto de cruz… para mantener la cabeza ocupada en los momentos más difíciles.

Cuidate Plus / Farmanuario.