Riesgos y consecuencias de la obesidad en niños

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Un niño obeso tiene más probabilidades de convertirse en un adulto obeso, y las repercusiones de esta enfermedad metabólica en el adulto son bien conocidas. Se trata de la principal consecuencia para la salud de la obesidad infantil.

Además, es cada vez más precoz la aparición de exceso de peso en niños más pequeños y también de obesidades más extremas en edades inferiores. Eso significa que se observa en edad infantil y juvenil algunas de las consecuencias que antes solo se veían en adultos: hipertensión, hiperglucemia, trastornos del sueño, lesiones en piel, etc., además de las repercusiones psicológicas.

¿Qué pasa cuando llegan a la edad adulta?

Casi la mitad de los adultos con sobrepeso eran niños con exceso de peso, y, a su vez, dos tercios de los niños con índice de masa corporal (IMC) más elevados son luego los jóvenes con IMC más elevados.

Cuando se compara la mortalidad a largo plazo, los adolescentes con mayor IMC tienen tasas de mortalidad un 30 por ciento superiores cuando son adultos jóvenes, al compararlos con sus pares con normopeso.  En general, ese alto riesgo ocurre por una mayor incidencia de hipertensión, diabetes tipo 2 y un riesgo cardiovascular más elevado. Es decir, por su asociación con el denominado síndrome metabólico.

Por eso, según la Asociación Española de Pediatría (AEP) cada vez hay mayor interés en buscar marcadores precoces de riesgo de obesidad más tarde, que aparecen antes de los 4 o 5 años de edad, como es el peso elevado al nacimiento, tener padres obesos, la ausencia de lactancia materna y la ganancia excesiva de peso en los dos primeros años de vida.

Pautas para prevenir la obesidad infantil

No todos los factores que influyen en el riesgo de obesidad son modificables (por ejemplo, el condicionante genético o algunos factores ambientales), pero hay muchas acciones que pueden emprenderse desde edades muy tempranas y los padres deben servir de ejemplo. Entre ellas se encuentran:

Comer de forma más saludable:

  • Promover la lactancia materna
  • Más frutas y verduras y cereal integral poco procesado.
  • Controlar el tamaño de las raciones.
  • Tener orden en las comidas. Evitar el picoteo y sentarse todos juntos a comer cuantas más veces mejor.
  • Evitar o limitar los alimentos calóricos con bajo interés nutricional: golosinas, bollería industrial y refrescos azucarados.

Más actividad física:

  • Un máximo de 1 o 2 horas al día ante una pantalla, tableta, ordenador, etcétera.
  • Recuperar los juegos al aire libre.
  • En los niños más mayores, al menos una hora diaria de actividad física.
  • Ir al colegio caminando o en bici.

 

CuidatePlus / Farmanuario.