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La alimentación durante el embarazo y la lactancia

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La alimentación cobra durante el embarazo una importancia y una función irreemplazable; ya que los alimentos deben cubrir las necesidades energéticas, no sólo de la mujer sino del bebé y preparar, además, a la mamá para el momento de la lactancia.

Es por ello, que la alimentación que tenga la madre durante el embarazo tendrá una relación directa en la salud y bienestar de su bebé dentro del vientre materno y después de su nacimiento. De hecho, los especialistas han determinado que las mujeres que han tenido una mala alimentación en el embarazo tienen una mayor probabilidad de tener un parto prematuro y/o que el bebé nazca con bajo peso.

Una alimentación equilibrada proporciona los nutrientes adecuados para favorecer el crecimiento y desarrollo del bebé, la calidad de la placenta, mantiene el nivel de energía a lo largo del embarazo, parto y post-parto, previene anemias y activa la producción de la leche.

No se trata de diseñar una dieta especial para el embarazo, más bien conocer la diversidad de propiedades de los alimentos y así mejorar la calidad y variedad de la dieta.

Los elementos indispensables para la buena alimentación durante el embarazo son cinco, garantizando de este modo la salud de madre e hijo; a saber: proteínas (entre un 15 – 17 % de la alimentación); hidratos de carbono (53 %); grasas (un 30 %); minerales (en pequeñas cantidades) y vitaminas (también en pequeñas cantidades).

Hidratos de carbono:

La cantidad necesaria para la mujer embarazada es prácticamente igual a la de la mujer no embarazada, si bien puede variar según diversos factores, como el peso, la actividad física y el estado de salud general.

Los hidratos de carbono cumplen una función energética predominante exteriorizada en la producción de actividad muscular y calor. Además ayudan a la desintoxicación y a la protección de todo el organismo.

Deben proporcionar entre el 50 y el 53 % del valor calórico total de la dieta, una vez cubierta la cuota proteica y de grasa. Se encuentran en la pasta, el arroz, los cereales integrales, las legumbres, la patata y las frutas.

Proteínas:

La necesidad de proteínas es uno de los factores distintivos de la alimentación propia del embarazo y de la lactancia; ya que el bebé crece dentro del útero principalmente a base de proteínas, es decir, de los aminoácidos.

Estudios realizados han puesto de manifiesto que el peso de los recién nacidos depende del correcto contenido proteico de la alimentación materna, acompañado de la ingesta de hidratos de carbono y de las grasas. Aumentar el porcentaje de proteínas en la dieta juega un papel decisivo para la madre debido al desarrollo y crecimiento de los órganos maternos durante el embarazo (útero, mamas, placenta, etc.)

Para el desarrollo y crecimiento normal del bebé se recomiendan al menos 80 g de proteínas al día durante el primer trimestre, mientras otros expertos sugieren que el aporte aumente a 100 g diarios en el segundo y en el tercer trimestre; hasta llegar a los 120 g diarios durante el período de la lactancia.

Los alimentos ricos en proteínas son las carnes de res, aves, pescado, huevos, granos, nueces, etc.

Grasas:

Las grasas constituyen uno de los nutrientes esenciales durante el embarazo para el desarrollo del bebé.

Detectar y conocer los distintos tipos de grasas en el embarazo te ayudará a elegir aquellas que son beneficiosas porque envuelven órganos vitales, transportan vitaminas, ayudan a la formación de hormonas o constituyen una fuente de energía esencial de aquellas que no traen ventajas asociadas y fundamentalmente elevan el colesterol o triglicéridos.

·         Grasas saturadas: consumidas en exceso aumentan de peso y el nivel de colesterol por lo que hay que limitar su consumo al máximo, pero nunca erradicarlo completamente. Están presentes en la mantequilla, crema de leche, tocino, chocolate o la grasa de la carne.

·         Grasas insaturadas: es importante que consumas estas grasas durante el embarazo ya que protegen los vasos sanguíneos y contienen omega3, una grasa que no puede fabricar el cuerpo, siendo importante para el desarrollo cerebral y ocular del bebé. Son de dos tipos: las grasas monoinsaturadas, presentes en el aceite de oliva y frutos secos y las grasas poliinsaturadas, que se encuentran en el pescado azul, margarinas vegetales 100% vegetales o el aceite de hígado de bacalao.

Las grasas cumplen la función de transportar algunas vitaminas, como la A y la D. También cumplen una doble función: energética y, en menor medida que las proteínas, interviene en la formación de los tejidos. La necesidad diaria es de una cantidad variable entre los 80 y los 90 gramos para una mujer tipo.

Minerales:

Son sustancias inorgánicas que se encuentran en el suelo y que, por lo general, ingresan naturalmente al cuerpo humano a través de la ingesta de los alimentos.

·       Hierro: es un mineral de gran importancia para el organismo y su deficiencia, que conduce a la anemia, es el problema nutricional más común en el mundo. El hierro es el único nutriente cuyas cantidades necesarias durante el embarazo son mayores de las que puede suministrarse sólo a partir de una dieta. Por eso es conveniente y hasta imprescindible en algunos casos, dar a la madre un suplemento en los alimentos (por ejemplo leche descremada con hierro) o bien que los ingiera en forma de medicamento. El hierro puede encontrarse sólo en un porcentaje del 10 ó 15 % del total de los alimentos que habitualmente se ingiere. Para su buena absorción necesita de estimulantes como la vitamina C.

·         Calcio: el calcio es el mineral que más abunda en el cuerpo. El 99 % del calcio corporal está localizado en los huesos y dientes. Para que el organismo pueda absorber todo el calcio presente en un alimento, es necesario que en ese mismo alimento haya fósforo. La existencia de vitamina D es indispensable para la absorción tanto del calcio como del fósforo. Al tercer trimestre es cuando se deposita la mayor cantidad de calcio en el esqueleto en formación. Es necesario para el crecimiento y desarrollo de los huesos y dientes del bebé; para la coagulación de la sangre, para las transmisiones nerviosas; etc.

Vitaminas:

Son sustancias orgánicas que ingresan naturalmente con la alimentación. Sin vitaminas el cuerpo no puede utilizar las proteínas, hidratos de carbono y grasas que consume, ya que no se producen las reacciones químicas que lo permitan.

Existen vitaminas que son imprescindibles para la reproducción y el crecimiento. Durante el embarazo es muy importante recibir una cantidad suficiente de ellas, ya que el hijo que está esperando las necesita para su crecimiento y para ir almacenando nutrientes para sus primeras semanas de vida.

Las vitaminas más importantes para el embarazo son:

·         Vitamina A: Durante el embarazo, esta vitamina se vuelve de gran importancia por:

o   Mejora la capacidad visual del bebé.

o   Ayuda a dar suavidad a todos los tejidos membranosos.

o   Potencia el sistema inmunológico.

El exceso de vitamina A no es aconsejable.

·         Vitaminas del grupo B: Este grupo está constituido por las vitaminas y son necesarias e importantes para:

o   El crecimiento y desarrollo del bebé.

o   La formación y desarrollo del sistema nervioso y el cerebro del bebé.

o   Prevenir la falta de glóbulos rojos (anemia) y ayudar a mantener su cantidad dentro de un parámetro óptimo.

La deficiencia de ácido fólico o vitamina B9 antes o durante el embarazo puede provocar:

o   Anemia durante la gestación.

o   Problemas en el crecimiento y desarrollo del bebé.

o   Enfermedades del sistema nervioso: espina bífida (cuando el bebé no desarrolla parte de las vértebras) u otros trastornos del tubo neural como la anencefalia (cuando el cerebro no termina de formarse).

Por lo tanto, se recomienda fuertemente suplementar la dieta con ácido fólico, dado que disminuye el riesgo de malformaciones del sistema nervioso del feto.

·         Vitamina C: No es una vitamina difícil de hallar en los alimentos, pero sí muy frágil, por ser tan extremadamente sensible al calor, al oxígeno y a las sustancias alcalinas. Para que las frutas y verduras que la contienen no la pierdan, es necesario no hervirlas ni someterlas a altas temperaturas ni con exceso de agua. Ayuda a la absorción del hierro y del calcio. Como protectora de las infecciones, esta vitamina actúa como “guardiana” del bebé de todas aquellas sustancias nocivas que pueden ingerirse inadvertidamente.

·         Vitamina D: El contacto con los rayos ultravioletas del sol es uno de los principales modos en los que la piel humana puede fabricar esta vitamina; mientras que el aporte alimenticio tiene una importancia secundaria. Con apenas 20 minutos de exposición al sol o 30 a la luz del día, se provee de la dosis diaria requerida. Entre sus funciones figuran:

o   El crecimiento y reparación de los huesos.

o   El mantenimiento de la fortaleza de dientes y huesos.

o   Favorecer la absorción del fósforo y del calcio y así mismo asegurar su fijación en los huesos y dientes del bebé.

Período de lactancia:

La lactancia es un periodo en la vida de la mujer mucho más agotador que el propio embarazo, en el que las necesidades energéticas y nutritivas son muy elevadas (es necesario aportar 500 calorías extras cada día debido al gran esfuerzo metabólico que implica la producción de leche).

Será necesario compensar las pérdidas nutritivas que sufre la madre mediante una alimentación adecuada, que se mantendrá mientras dure la lactancia.

Esto no significa que se deba comer en exceso, sino que la dieta se adapte a sus necesidades (comer bien, no significa comer mucho).

Es conveniente controlar periódicamente el peso de la madre con el fin de elevar o rebajar las calorías de la dieta si éste disminuye o aumenta respectivamente.

No obstante, en ningún caso se ha de iniciar en este periodo una dieta excesivamente baja en calorías (inferior a 1500 Kcal/día), ya que las demandas nutritivas son muy elevadas, y de forma natural, la madre que da el pecho emplea las reservas de grasa acumuladas durante el embarazo para la producción de leche, lo que contribuye, junto con una alimentación adecuada, a recuperar progresivamente el peso previo al embarazo.

Una dieta estricta resulta totalmente desaconsejada ya que puede influir en la cantidad de leche producida, y conducir a un estado de malnutrición en la madre.

Mujer y Salud / Farmanuario.