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Fotoprotección: claves para cuidarnos del sol

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La radiación solar puede causar daños irreparables en nuestra piel. Pero pese a toda la información con la que contamos, no nos cuidamos como deberíamos ni enseñamos a nuestros hijos a protegerse en forma precoz y adecuada.

Basta pasar al mediodía por las playas y ver la cantidad de gente expuesta al sol en ese horario. ¿Qué estamos esperando para tomar conciencia?

Los efectos que el sol puede ocasionar en la piel comenzaron a informarse desde los años sesenta y actualmente es bien conocido que la radiación solar causa daños muy perjudiciales. El envejecimiento de la piel con presencia de manchas y arrugas es una de las consecuencias del impacto del sol en nuestro organismo, pudiendo provocar también lesiones malignas como el cáncer de piel. Cada respuesta dependerá del tipo de piel que tenga cada persona, la cual varía por la cantidad de melanina que la compone.

A nuestro planeta llegan radiaciones infrarrojas (RI), radiaciones visibles (RV) y radiaciones UV (RUV), siendo el ozono el que las absorbe en mayor o menor medida. El daño solar se produce con cada exposición y se acumula a lo largo de la vida. Sin embargo, debemos destacar que durante la niñez y la adolescencia se recibe entre el 50 % y el 80 % de la radiación ultravioleta. Las medidas de prevención primaria tienen como objetivo evitar los efectos perjudiciales de las RUV, educando a la población sobre fotoprotección, es decir, sobre el comportamiento esperado antes de la exposición solar y las consecuencias de no protegerse debidamente. Por lo tanto, la fotoprotección tiene como objetivo prevenir el daño que ocurre en nuestra piel a través de estrategias centradas en la reducción del tiempo global de exposición al sol, especialmente en horas del mediodía; complementadas con el uso de ropas adecuadas, sombrero de ala ancha, lentes para el sol y aplicación de protector solar.

Está demostrado que el uso de ropa adecuada que proteja del sol puede disminuir el número de lunares; su efecto protector depende principalmente de la trama, que debe ser apretada para que llegue menos RUV a la piel. Otros factores importantes que influyen son el tipo de fibra y el color, ya que los colores más oscuros no dejan pasar los rayos UV. Una camisa de color claro de algodón, por ejemplo, confiere una protección equivalente a un factor de protección solar de 10. El nylon, la lana, la seda y el poliéster tienen mayor protección que el algodón y el lino. A su vez, la protección es mayor cuanto más alejado de la piel esté el tejido, debido a que la distancia que debe recorrer la radiación es mayor. Si la ropa está mojada y/o si la trama está estirada, son factores que favorecen el pasaje de las radiaciones. Por otra parte, el uso de sombrero es una buena pantalla física de fotoprotección. Los sombreros de ala ancha protegen la cara, el cuello y las orejas, mientras que las alas pequeñas menores de 2.5 centímetros proporcionan escasa protección y solo en algunas zonas del rostro. Existen en el mercado prendas y sombreros confeccionados en tela con protección solar que se mide en UPF (factor de protección ultravioleta), siendo recomendadas aquellas que tengan un UPF de 50.

Los lentes para el sol protegen los ojos y las áreas vecinas de los daños de las RUV, y por lo tanto previenen el desarrollo de cáncer de piel y otros efectos producidos por la exposición crónica como las cataratas. Los lentes de buena calidad deben bloquear casi la totalidad de las radiaciones ultravioletas. Esto se logra gracias a un producto que se aplica en la superficie del lente y cuya presencia puede reducir la exposición a la radiación UV en los ojos en un gran porcentaje, especialmente cuando se combina con un sombrero de ala ancha. Es fundamental que los lentes de sol envuelvan estrechamente el área de los ojos, aunque en la mayoría de los casos esto no ocurre porque están diseñados con fines estéticos. Si los lentes no tienen filtro para las radiaciones UV es conveniente no usarlos, ya que los vidrios oscuros dilatan la pupila favoreciendo la entrada de radiación ultravioleta. De aquí la importancia de la adquisición de lentes de sol en ópticas para asegurarse que sean originales y cumplan con tener filtro para las RUV.

La sombra producida por estructuras edilicias y árboles disminuye la radiación directa de los UV, aunque la protección que se ofrece depende de la refracción de ésta en las diferentes superficies. Así, por ejemplo, resulta fundamental proporcionar sombras adecuadas en los patios de las escuelas y realizar las clases de educación física al aire libre en los horarios del día con menor radiación solar. En estos casos, la regla de la sombra puede ser una herramienta útil: el sol es más peligroso cuánto más pequeña sea la sombra del niño en relación con la altura. Es decir, el riesgo es menor cuando el tamaño de la sombra es mayor. La luz visible también produce daños en la piel; este tipo de radiación llega a la superficie terreste proveniente del sol, pero también podemos recibirla de dispositivos electrónicos como la computadora, el celular, la tablet y la televisión.

¿Cómo utilizar el protector solar?

Los protectores solares se han convertido en un modo casi exclusivo de protección, utilizado por las personas cuando participan en actividades al aire libre. La popularidad se puede atribuir a la recomendación de los médicos de la fotoprotección y acciones de marketing de la industria cosmética, aunque debemos recordar que las medidas físicas anteriormente mencionadas son fundamentales a la hora de cuidarnos del sol.

La protección que proporciona un protector solar viene indicada por el factor de protección solar (SPF), el cual se mide en el laboratorio aplicando una cantidad de 2 mg/cm2 sobre la piel de la espalda 30 minutos antes de la irradiación. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que en condiciones reales nos aplicamos mucho menos que la cantidad utilizada en el laboratorio, y por lo tanto el FPS no sería el indicado en el producto sino que disminuye pudiendo llegar a ser hasta menos de la mitad del factor. Correctamente utilizado, se ha demostrado que el uso de protector solar reduce significativamente el riesgo de contraer cáncer de piel y retarda el proceso de fotoenvejecimiento por la capacidad de estos productos para filtrar las radiaciones UV.

Los protectores solares tópicos se dividen en agentes orgánicos y agentes inorgánicos; estos últimos reflejan y dispersan la radiación UV y la radiación visible a través de una película de partículas inertes que forman una barrera opaca. Depende del tamaño de las partículas, la protección que ofrecen contra las radiaciones UV. No se describen reacciones de hipersensibilidad a los protectores inorgánicos, aunque debido a su carácter opaco y oclusivo solían ser inaceptables desde el punto de vista cosmético. Sin embargo, en la actualidad el agregado de color o tono a estos productos los ha convertido en los preferidos por las mujeres. También existen filtros inorgánicos de alta calidad con fórmulas micronizadas, o sea con partículas de menor tamaño, lo que logra un producto estéticamente más aceptable. Los agentes orgánicos actúan absorbiendo la radiación UV a través de una reacción química e impidiendo que la RUV ingrese a la piel.

Algunas sugerencias

Las recomendaciones para una correcta protección de las radiaciones solares son:

• Usar ropa adecuada (colores oscuros, trama apretada).

• Usar sombrero de ala ancha y lentes de sol con filtro para las RUV.

• Evitar la exposición al sol entre las 11 y las 17 horas.

• Buscar la sombra.

• Usar protector solar de amplio espectro con filtro para UVA, UVB (SPF 30+) y luz visible.

• Usar protector solar todos los días cada vez que se encuentre al aire libre.

• Aplicar el protector solar con la piel seca 30 minutos antes de salir al aire libre.

• Volver a aplicar el protector solar cada 3 horas o inmediatamente después de nadar o transpirar, incluso si está usando un protector “resistente al agua”.

Por Dermatólogo Julio Magliano. Profesor Adjunto de la Cátedra de Dermatología.