Biodanza: ejercicios para fomentar la afectividad en los alumnos

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El taller, que se realiza todos los martes durante más de una hora, gira en torno de varias actividades que tienen un objetivo: fortalecer la identidad y desarrollar las potencialidades de los chicos a través de la biodanza.

“La biodanza busca la coherencia entre lo que pensás, sentís, decís, deseás y hacés. Los ejes del trabajo están relacionados con la palabra, la reflexión, el diálogo, los sentimientos y las emociones; con el movimiento corporal y con la acción. Buscamos la integración de la identidad personal y colectiva del chico”, explica Lucía Bottaro, directora del proyecto.

Este “sistema de transformación social” lo realiza la gente de Biodanza Activa junto a la Fundación Apertura , tanto en escuelas como en centros comunitarios de la ciudad. Así, más de 700 niños y jóvenes en condiciones de alta vulnerabilidad socioeducativa resultan beneficiarios de la actividad.

“Comenzamos en 2012 con una prueba piloto en la escuela Reino Tailandia, con los chicos de 4°; nos fue muy bien, sistematizamos los resultados y los presentamos en el Ministerio de Educación de la ciudad. En 2013 hicimos una muestra más ampliada en cinco escuelas y desde allí seguimos aplicándolo”, dice la directora del proyecto, que hoy por hoy cuenta con un equipo de 40 personas, entre profesores y voluntarios.

“Nuestra metodología se basa en la afectividad y consta de tres partes: una es vivencial, que es todo lo que implica juegos de biodanza y ejercicios; otra es el diálogo: hacemos siempre una ronda de inicio de diálogo donde el coordinador facilita que la palabra circule y que todos participen, y la tercera es la acción, como emergente de todo ese proceso vivencial, donde surge además una acción en su comunidad, que se elige con el grupo”, explica Ricardo Spreafico, coordinador del proyecto.

Desde Biodanza Activa explican que los cambios que se ven en los chicos van desde poder mejorar la expresión hasta aprender a compartir, a registrar al otro y generar más empatía.

Fuente: La Nación